Ciclovía y conflicto en Avenida Guadalupe

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“requiere diálogo permanente. Hay que repetir los argumentos técnicos y explicar lo mismo una y otra vez, persona por persona.”

Por: Jorge O. Navarro/El Informador

Ciclovía y conflicto en Avenida Guadalupe

En tiempos como los actuales, pletóricos de temas urgentes y una ciudadanía más despierta y reclamante, todavía queda mucho más que resolver aparte de la pandemia del coronavirus, la gran crisis económica y la violencia sistémica que no se detiene y que incluso tiene en la mira al gobernador Enrique Alfaro Ramírez.

Desde varias semanas atrás, el Gobierno de Zapopan que encabeza Pablo Lemus Navarro ha tenido un problema en el escritorio: la inconformidad de vecinos organizados en Avenida Guadalupe que rechazan la instalación de una ciclovía en esta zona de la ciudad.

El tema de los espacios para la movilidad no motorizada se está volviendo crónico. Lo mismo ocurre en las zonas de populares que en las de mayor plusvalía.

Los vecinos y los automovilistas, en términos generales (no hay que ponerlos a todos en el mismo paquete) están a favor de los ciclistas y de las ciclopistas… mientras no las instalen frente a sus cocheras, sus negocios y siempre que no les quiten un carril en sus rutas cotidianas.

Si hubiese que abordar este cambio de espacio público y de mentalidad desde una perspectiva bélica, habría que admitir que se trata de una batalla que será larga. De muchos años.

Desde este espacio me atrevo a afirmar que acabarán por triunfar quienes están de lado de las bicicletas. La movilidad no motorizada se impondrá finalmente a fuerza de persistencia y sobre todo, porque los gobiernos municipales y el del Estado inviertan recursos y poco a poco, se instale en el imaginario colectivo el convencimiento de que quienes viajan en bicicleta también tienen derecho y sobre todo, llevan preferencia por encima de quienes pueden abordar un automóvil particular, no importa si éste es de lujo o se trata de un vehículo utilitario, indispensable para actividades laborales.

En una charla con Libertad Zavala, directora de Movilidad en el Ayuntamiento de Guadalajara, recogí una frase clarificadora sobre la tarea que están haciendo quienes son activistas y responsables de aumentar los espacios de ciclovías: “Es como una evangelización permanente. Hay que hacerlo todos los días como si apenas empezáramos”.

Tiene toda la razón. Se trata de una labor generacional.

Pero no sólo es cuestión de esperar, requiere diálogo permanente. Hay que repetir los argumentos técnicos y explicar lo mismo una y otra vez, persona por persona.

Quizá es lo que le falta al Gobierno zapopano.

Los vecinos de Avenida Guadalupe reúnen algunos rasgos particulares que complican más la empresa de la ciclovía: la mayoría viven en cotos privados que tienen una o pocas salidas al arroyo de la avenida. En la zona hay accesos a negocios particulares, tiendas de conveniencia y escuelas. La mayoría de sus actividades las realizan, claro, en sus automóviles y por si faltaran complicaciones, la avenida es muy transitada porque además, es la única conexión vial con zonas que están más allá del Periférico.

Están molestos y quieren que la ciclovía se instale en el camellón de la avenida, no en el carril de la derecha. Desde el gobierno municipal se esgrimen razones técnicas y se sostiene que hay intereses políticos de por medio.

Vivimos tiempos de polarización. Lo peor que puede pasar es que la inconformidad se transforme en violencia y acabe por afectar a los ciclistas.

Aunque sea el camino más largo, lo primero es el diálogo.