Con secuelas y sin apoyo

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  • Karla Sofía sufrió fractura del plexo braquial derecho y otras lesiones tras ser arrollada. Foto: Fernanda Carapia
Fernanda Carapia/Mural

Guadalajara, México (07 marzo 2019).- Un chofer de la Ruta 368 les cambió la vida. Abandonaron las aulas para acudir al hospital y dejaron los libros para tomar rehabilitación. Seis meses de zozobra, de miedo, de dolor. Nada volvió a ser lo mismo. En su cuerpo hay huellas que les recuerdan, a diario, ese 7 de marzo de 2014.

‘Estaba acompañando a una amiga’

Fue un día como cualquier otro. Karla Sofía Díaz Rincón acompañó a una de sus amigas a la parada para que tomara el camión. Ninguna regresó a casa, terminaron en el hospital.

Ambas estaban en la parada afuera de la Preparatoria 10, en Periférico. Karla vio como el camión avanzaba sin control hacia ellas. Su reacción: aventar a su amiga. Ella no pudo moverse, la unidad la arrolló.

“El camión estaba encima de mí, me ayudaron a salir debajo del camión”, relata.

Los daños: fractura del plexo braquial derecho, desgarre de ligamientos en ambas piernas, esguince de segundo grado, lesiones en cadera y columna.

“Y fueron saliendo secuelas como el daño en mi vista, no puedo caminar sola todo el tiempo porque no veo objetos que se pueden acercar como carros, no puedo voltear, no puedo cargar cosas pesadas, tengo que estar en constante rehabilitación”.

Por medio de su mamá, tenía ISSSTE, ahí recibió toda la atención. Y qué bueno, asegura, pues de lo contrario, no hubieran podido costear el tratamiento.

Si bien el día del accidente el Poder Ejecutivo, a través de la Secretaría de Salud, se contactó con ella y le prometieron ayuda, ésta no llegó.

“Hasta la fecha no me han dado nada, ninguna indemnización, nada”.

La única que habló de una reparación de daño, fue la mutualidad del camión, pero era condicionada: dos mil pesos a cambio del perdón legal.

“Es cosa que yo no hice, no he hecho y no tengo en mis planes hacer, muchos dieron el perdón por 2 mil pesos. Más que una indemnización lo que yo quiero es un cambio, que me digan qué van a hacer para cambiar”.

Y es que, dice, la tragedia no fue suficiente. El transporte público sigue igual, el servicio es de mala calidad.

“Siguen siendo irresponsables, juegan carreritas, aunque vaya lleno meten más gente y siguen yendo a la misma velocidad, no le bajan, no ven por su seguridad ni la del pasaje”.

Fue a dejar papeles, termina en hospital

Hace cinco años, Katy Casandra Castellanos Rodríguez acudió al Centro Universitario de Ciencias Económico-Administrativas (CUCEA) para entregar sus papeles. De regreso a casa, su vida dio un giro de 180 grados.

El camión de la Ruta 368 la mandó al hospital con un pronóstico nada alentador: su movilidad y piernas corrían peligro.

“El tubo de la parada del camión me aplastó mi pie izquierdo y la llanta del camión me dislocó el tobillo del pie derecho. El camión estaba encima de mis pies”, relata.

Nadie se acercó con ella. Ninguna autoridad ni la mutualidad se hicieron responsable de los daños. Los gastos de su recuperación corrieron por cuenta de su papá.

“El gasto fue bastante fuerte, mi recuperación fue complicada y lenta, duré seis meses en cama. Dijeron que había muchas probabilidades de amputarme la pierna, pero lograron salvarla y, de momento, me dijeron que no iba a volver a caminar por la lesión tan grave que sufrió mi pie”.

Afortunadamente, dice, hubo buenos resultados. Tras un injerto de piel y varias cirugías, Katy camina y sigue su vida, pero las secuelas están ahí. Sus pies se hinchan, duelen y perdió movimiento debido a que sus tendones y ligamentos resultaron dañados.

“No puedo hacer muchas actividades, no debo correr o brincar, sí me limitó muchas cosas”.
Katy lamenta la falta de apoyo de la Autoridad pese a que fueron víctimas de un mal servicio. No hubo acercamiento y lo que es peor, no hay un cambio.

“Sigue habiendo muertes en muchas no se hace mención, sigue habiendo personas muertas por culpa del transporte público, siguen jugando carreritas, se pasan los altos, no dan las paradas”.

El accidente le trajo nuevas amistadas. Katy tiene contacto con Karla Sofía y otra chava, también llamada Karla, quien debido a los golpes que sufrió padece de convulsiones y requiere medicación permanente.

‘Todavía tengo miedo’

Cuando Xóchitl Nataly Guzmán Espinoza está en la parada y un camión pasa rápido, inconscientemente se aleja y se resguarda entre las personas.

Ya pasaron cinco años, pero el recuerdo sigue vivo en su memoria. Esa unidad de la Ruta 368 le destrozó un tobillo, la rodilla y le provocó lesiones en la espalda.

La recuperación, recuerda, no fue fácil. La sesión que tenía en el pie se infectó y las curaciones las hacían sin anestesia. En ocasiones, tenían que salir corriendo en la madrugada porque el dolor eran insoportable.

“Fueron seis meses desde el accidente hasta que pude caminar”, relata.

Literalmente volvió a nacer. No podía valerse por sí misma, necesitaba del cuidado de su madre las 24 horas del día, no podía ir al baño y hasta para cambiar de posición requería de ayuda.

Tuvo que aprender a caminar. Estuvo seis meses inmovilizada, sus piernas perdieron fuerza y, por si fuera poco, debido a las lesiones, sus tendones se afectaron.

Nadie se acercó a ayudarlos, sólo la mutualidad les daba 2 mil pesos a cambio del perdón; no aceptaron, ese dinero no era nada en comparación de los 80 mil pesos que gastaron en la recuperación de la joven.

Físicamente, Xóchitl logró salir adelante, pero había un daño que no fue atendido: el psicológico. No podía pasar frente a la Preparatoria 10, a la fecha, dice, cuando tiene que circular por ahí, cierra los ojos.

“Todavía sueño con eso, con el accidente, sueño con accidentes, no tan frecuente, pero todavía lo sueño. Cuando vienen los camiones, que se quieren orillas, siento que se me van a venir encima y me retiro”.

La joven reconoce que, en un principio, le hicieron un examen psicológico, pero no le dieron ni los resultados ni el seguimiento, es más, ese estudio se perdió, no está en el expediente.

Pero eso no es todo, también, agrega, se hicieron perdidizas las facturas y recibos que entregó como comprobante de los gastos; en el expediente sólo está la compra de la silla de ruedas.

Xóchitl pide justicia, apoyo para ella y todas las víctimas de ese accidente, pues las secuelas siguen afectando su rutina.

“Y que de aquí en adelante ayuden a las familias, que pongan atención, como quiera nosotros conseguimos, nos endeudamos, pero salimos, pero hay que no puede”, dice.