Bicicleta Blanca

EN EL DEBATE MURAL.COM

16 Ene. 11

Alicia Ocampo Jiménez

Un total de 35 bicicletas blancas se colocaron en diversos lugares de la Zona Metropolitana de Guadalajara, en memoria de las personas que murieron en 2010 por usar la bicicleta como transporte. Cuatro de ellas perecieron cerca del crucero de Aviación y Santa Margarita, avenida que cambió su apariencia el 9 de enero, cuando un grupo ciudadano decidió pintar las calles, según el Plan Maestro de Movilidad no Motorizada, trazado por AU Consultores a petición de Sedeur y aprobado hace tiempo.

Participaron el grupo estudiantil BiciTec, Ciudad para Todos, GDL en bici y Carfree.mx (http://youtu.be/iFUbrme9V0M), que llevan años esperando una respuesta del Gobierno para atender el severo problema de movilidad. Una vez que se entregó el mencionado Plan Maestro, la expectativa ha sido más apremiante porque el Gobierno sólo ha tenido tiempo para construir 20 de los mil 500 kilómetros de ciclovías que se habían prometido. Éste grupo construyó 5 kilómetros en medio día.

Esta iniciativa ciudadana provocó polémicos comentarios, que van de la alabanza al vituperio. Los cuestionamientos de quienes se oponen pueden resumirse así: ¿No están tomando la justicia en las propias manos? ¿El fin justifica los medios? Se llegó a afirmar que se trataba de una “protesta violenta”, una irresponsabilidad y un atentado contra la ley. Desde esta perspectiva, se considera que este tipo de acciones conducen a la entropía y degradan aún más a nuestra sociedad.

El abordaje ético de esta cuestión es complejo. Si bien es cierto que el cumplimiento de la ley es el basamento mínimo que debe ser respetado, este criterio no es el único a la hora de hacer un juicio moral al respecto. Un destacado exponente del liberalismo político contemporáneo, John Rawls, afirmaba que la justicia exige la obediencia a las leyes, de tal manera que se construya una sociedad de ciudadanos libres y con iguales oportunidades, en el cual todas las personas se encuentren facultadas para hacer valer sus derechos frente a los demás.

La exigencia de libertades similares para todos también implica que se erradiquen las desigualdades sociales y económicas, de tal manera que el Estado favorezca a las personas con mayores desventajas, como son los ciclistas frente a los automovilistas, y a los peatones en primer lugar.

Aquí quisiera introducir la justificación rawlsiana de la desobediencia civil. Según Rawls, ésta consiste en un acto público, no violento y contrario a la ley, con la intención de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de Gobierno. Es un recurso de las minorías, cuando las mayorías no permiten que la sociedad se integre por personas libres e iguales, y me parece que éste es un caso paradigmático de desobediencia civil. Este autor aclara que los actores deben asumir las consecuencias legales de la propia conducta, en este caso, se trató de una falta administrativa, merecedora de una multa, que terminó siendo oficializada por las autoridades.

Tomando como ejemplo a Martin Luther King, los ciclistas urbanos se podrían valer de las ideas de Thoreau y Rawls sobre la desobediencia civil, para promover el necesario cambio social en el uso de la calle. Con la inversión en vías para automóviles, en México se privilegia a los coches de manera anacrónica y los automovilistas tenemos una mirada selectiva que invisibiliza a los ciclistas, de manera análoga a cómo los blancos excluían a los negros.

Con esta dinámica socialdarwinista justificamos la imposición del más fuerte sobre el más débil. Por eso, en este caso, es imposible propugnar un abstracto respeto a la ley. México es un país donde el “otro” aún es extraño o ajeno. El automovilista considera estorbo al ciclista y éste se mete por peligrosos recovecos de las calles, porque no tiene una vía propia para transitar.

Ojalá que esta acción ciudadana propositiva sea un impulsor de los Gobiernos para que hagan su tarea y ejecuten a la brevedad el Plan. Con esto propiciarían una vialidad que impone el “yo soy como tú” como lógica de convivencia.

Por la ciclovía ciudadana de Santa Margarita ya circulan conjuntamente estudiantes del Tec y trabajadores que llevan sus herramientas en las espaldas. Se trata de una acción creadora de puentes simbólicos, que ofrece razones para la esperanza en este México tan excluyente.

Alicia Ocampo es Doctora en Filosofía del Derecho, Moral y Política por la Universidad de Valencia, España. Integrante de Contingente Guadalajara

Diego Monraz Villaseñor

El pasado domingo 9 de enero se llevó a cabo una manifestación de libertad de expresión por parte de universitarios y grupos organizados, bautizado como la ciclovía ciudadana, que se extiende a lo largo 2.5 kilómetros sobre Avenida Santa Margarita, desde Avenida Central hasta el ingreso al Tecnológico de Monterrey.

Estos jóvenes recaudaron 12 mil pesos para comprar pintura, y hace una semana intervinieron la vía pública: pintaron el sendero de una ciclovía, como un ejercicio simbólico de reclamo a las autoridades por su falta de compromiso para impulsar proyectos de movilidad urbana no motorizada.

Dicho trazo (de 5 kilometros en total) se encuentra dentro de las rutas propuestas por el Plan Maestro de Movilidad Urbana No Motorizada, documento técnico con validación social que propone una red de aproximadamente mil 500 kilómetros de distritos peatonales y vías ciclistas para la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Es por ello que, el pasado 10 de enero, desde la Secretaría de Vialidad y Transporte de Jalisco que encabezo, anunciamos el apoyo a este tipo de ejercicios, así como la oficialización de la ciclovía.

De hecho, la ciclovía ciudadana será reforzada con balizamiento y señalización por parte de la Dirección de Infraestructura Vial para incrementar las condiciones de seguridad de sus usuarios.

Un aspecto positivo a destacar, es que la intervención ciudadana del domingo pasado revivió el tema de las ciclovías en la agenda pública.

Durante varios días, la discusión en las redes sociales y en los medios de comunicación se centró en el interés de presionar a autoridades municipales y estatales para que asignen recursos para infraestructura ciclista, mientras que los menos interesados enfocaron su discurso en cuestionar la legalidad de esta manifestación de libre expresión.

El hecho concreto es que, con 12 mil pesos, un grupo de jóvenes hizo lo que una estructura gubernamental no ha podido: organizarse e invertir en una Ciudad más humana, amable y habitable.

En una postura de autocrítica diría que hemos dejado mucho qué desear en respuesta a la necesidades ciudades relacionadas con movilidad urbana, y es que, mientras el compromiso de hacer ciclovías está latente desde hace algún tiempo, éstas no se ven por ningún lado, pero, en cambio, la infraestructura para los vehículos sigue creciendo.

Como dependencia, la Secretaría de Vialidad está imposibilitada para contratar o realizar obra pública directamente, por lo que nuestra labor se concentra en impulsar modelos más sustentables de transporte a través de nuestros dictámenes.

Desde que llegué al cargo de Secretario de Vialidad, a cada desarrollo, proyecto, o solicitud que requiera nuestro visto bueno se le exigen condiciones de infraestructura digna para personas con alguna discapacidad, para peatones y ciclistas, con base en el Plan Maestro de Movilidad Urbana No Motorizada.

Cada día que transcurre es tiempo que se pierde para rescatar esta Ciudad, y buenas intenciones sin presupuesto, no llevan a nada.

Expertos estiman que construir un kilómetro de ciclovía cuesta alrededor de un millón de pesos, por lo que si se reasignaran los 90 millones de pesos previstos para el proyecto de 8 kilómetros de ciclovía en Lázaro Cárdenas, en la zona metropolitana podríamos tener una red de al menos 90 kilómetros, con cobertura en las vialidades más prioritarias, en términos de uso.

Mientras que el Plan Maestro de Movilidad Urbana No Motorizada, luego de su desarrollo técnico y ciudadano, no sea tomado en serio por las autoridades municipales, será más complicado ver intenciones para ejecutarlo y asignarle recursos.

Este año, como todos, es trascendente en materia de movilidad urbana. Vamos a seguir insistiendo en el impulso a la movilidad no motorizada en nuestra metrópoli.

Invitamos a dejar las ocurrencias sobre el tema y a que respetemos la participación ciudadana en la construcción de un modelo de Ciudad con menos emisiones contaminantes, para tener ciudadanos más saludables y calles sin vehículos sumergidos en embotellamientos o estacionados sobre las banquetas.

Diego Monraz Villaseñor es Secretario de Vialidad y Transporte.

diego.monraz@jalisco.gob.mx

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